Mostrando entradas con la etiqueta Xavier Dolan. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Xavier Dolan. Mostrar todas las entradas

Solo el fin del mundo - La historia del hombre que no quería morir

Llegado a este punto, con Solo el fin del mundo prácticamente estrenada, habría que decidirse a desterrar definitivamente los adjetivos paternalistas que desde que empezó a despuntar se llevan aplicando al trabajo tras las cámaras de Xavier Dolan. Vistos sus últimas películas, y la cantidad de éstas que lleva ya realizadas a sus espaldas, cabe preguntarse si su experiencia no es ya mayor y más íntegra que la de muchos directores que por no tener el “inconveniente” de ser jóvenes, son juzgados con otra vara, una menos severa y más complaciente, sobre todo al relacionarse las características de su cine con la edad del director en cuestión.

Probablemente no sea este el lugar para hacer una defensa de la independencia del talento cinematográfico respecto de la edad, pero sí es necesario, a mi parecer, ese pequeño apunte, para comprender que la habilidad y la particularidad con la que Xavier Dolan ha trasladado esta trágica obra de teatro a la gran pantalla no tiene en absoluto que ver con su corta edad (esto es, con una visión naif e ingenua de entender la realidad), sino con su mero talento y forma de entender el cine. Desde su primera película ha creado imágenes similares, ha tratado temas similares y ha creado, en definitiva, un estilo pictórico-argumental coherente en toda su obra. Pero esta coherencia no le ha encasillado, sino que le ha permitido explorar fronteras, no revolucionarias, pero sí sorprendentes, del formato fílmico (uso de música, proporciones de imagen, encuadres), que tal vez llegarían a la cumbre de la expresividad en Mommy, con la mítica escena de Wonderwall

En el caso de Solo el fin del mundo, Dolan se atenúa y explora formas mucho más introspectivas de describir las emociones que campan por el seno de esa disfuncional e histérica familia que protagoniza la película; mediante el uso de cercanísimos primeros planos de los rostros de los actores, estudia a fondo sus emociones; sus reacciones al hablar y al escuchar, incluso cuando no están inmersos en una conversación, sino que son meros espectadores. El éxito de esta arriesgada forma de narrar toda la película se debe, en gran parte, al extraordinario grupo de actores que la puebla, todos ellos de primerísimo nivel y que en el caso de Marion Cotillard o Gaspard Ulliel, ofrecen unas preciosas interpretaciones, perfectamente mimetizadas con lo que creo que pedían sus respectivos personajes, llenos de contradicciones y atribulaciones.

dolan 2

El otro gran culpable de que funcione tan bien este cine de diálogos y primeros planos es el desolador guion, basado en una obra teatral del dramaturgo francés Jean-Luc Lagarce, trasladado al cine como un relato sobre la muerte (tema bastante inédito en la filmografía de Dolan) y los recuerdos. La historia aquí es la de un joven escritor que después de 12 años decide volver a ver a su familia para contarles que va a morir pronto debido a una enfermedad. La sombra de la muerte que planea sobre los personajes aquí es doble: es la del protagonista, que decide volver para confesar su enfermedad terminal, pero también la del resto de su familia, que le creían emocionalmente muerto respecto a ellos, pensando que ya no les querría visitar nunca más. Son dos formas de morir (o de vivir), la natural y aquella que se hace a través de los recuerdos, y Dolan juega con ambas para dibujar un caleidoscopio de contradicciones en el seno de cada personaje; enfrentados con su pasado y su impredecible futuro en el que, inevitablemente, tienen que incluir al resto de su familia, incluso aunque prácticamente ninguno de ellos quiera hacerlo.

La gravedad dramática es tan grande (e histérica) como en casi cualquier otra película de Xavier Dolan , y éste vuelve a encargarse de realzar las emociones mediante el uso de la música, con el que vuelve a demostrar que posee un dominio innato para implantarla en su cine de forma bastante orgánica y, sobre todo, para deconstruirla: toma una canción totalmente inofensiva, banal y mundana ,y, pulsando las teclas correctas, consigue darle un significado acorde a lo que busca (normalmente algo muy dramático o emocional), dotando a la propia canción de un significado totalmente nuevo para el oído del espectador. Lo consiguió en Mommy con Céline Dion, cuando convirtió a ese trésor national canadiense en un vals de almas solitarias y descarriadas; en Los amores imaginarios, donde una canción de electropop de The Knife se transformaba en una especie de celebración erótica del cuerpo masculino en medio de una fiesta, y, desde luego, lo consigue en Solo el fin del mundo con un par de canciones que condensan, milagrosamente, la emoción de toda una escena, pese a que éstas sean, en un principio, todo lo contrario a la música que se podría pensar que encaja en un momento (y en una película) así.

dolan 3

La heterogénea mezcla de ingredientes vuelve a funcionar y se siente totalmente parte de su cine, quizá aquí con más riesgo que en otros trabajos por la inmediata gravedad de la historia que se cuenta. Solo el fin del mundo es la triste historia de un hombre que se da cuenta de que no sabe si quiere morir, y en la que Dolan da un golpe sobre la mesa en el intrincado subgénero de las adaptaciones teatrales. Permítanme finalmente una pequeña y contradictoria licencia: sacar a relucir, de nuevo, la edad de Dolan para celebrar que sea tan joven, por nada más que porque aún tendremos muchos años de su emocionante forma de hacer cine por delante.

Crítica escrita por Guillermo Martínez


Mommy. La madurez de l'enfant terrible

Xavier Dolan da un paso enorme con 'Mommy', ganadora del Premio del Jurado en Cannes (ex aequo Adieu au langage). 'Mommy' supone el paso de L' enfant terrible a la excelencia, pues sus anteriores películas, pese a gustarme, me dejaban algo frío y permanecía distante respecto de las historias que trata el joven director quebequés. La forma eclipsaba al contenido, las imágenes y la música se situaban por encima de la historia; quizá por ésto el drama no me resultaba todo lo cercano que debiera. No obstante, en 'Mommy' ésto no ocurre, ya que Dolan encuentra un equilibrio entre la forma y el contenido al alcance de muy pocos, alcanzando una gran madurez cinematográfica a la temprana edad de 25 años. Su quinto largometraje aúna la fuerza visual y el uso de la música de 'Los amores imaginarios' o 'Laurence Anyways', con una historia realmente desgarradora.


Mommy es la historia de Diane "Die" Despres (Anne Dorval, 'J'ai tué ma mére'), una mujer viuda que debe encargarse del cuidado de su hijo Steve (Antoine Olivier Pilon, 'Laurence Anyways), de 15 años, tras ser éste expulsado del reformatorio. La relación entre ellos es algo difícil, puesto que Diane es una madre bastante vulgar e irresponsable, mientras que Steve padece graves trastornos de conducta. A la relación se suma la aparición de Kyla (Suzanne Clement, 'Laurence Anyways), una vecina con problemas de habla. La película se desarrolla en el contexto de una Canadá distópica en la que los padres pueden dejar a sus hijos problemáticos a cargo del Estado, deshaciéndose así de ellos.

La película está filmada en un formato de 1:1, emulando un cuadrado perfecto. Es una técnica arriesgada pero que funciona, puesto que su finalidad no es estrictamente estética, estando ligada al estado anímico y a los sentimientos de Steve a lo largo del metraje. 'Mommy' es una película sobre los sentimientos, que trata una relación materno-filial bastante peculiar, pero que nos golpea de lleno por la naturalidad y sinceridad que desprende. Los tres protagonistas están excepcionales, al nivel de la película, haciendo que sus sentimientos traspasen la pantalla. Kyla crea un equilibrio en la relación madre-hijo, así como anima su propia vida, en la que percibimos ciertos problemas, pues mantiene una relación distante con su familia.


En 'Mommy' todo está estudiado al milímetro, los planos y encuadres hablan por sí solos, encontrando algunas virguerías técnicas aparte del formato mencionado anteriormente (movimientos de cámara, slow motion, etc..). El uso de la música es una proeza, con una selección de temas pop bastante recientes que se encargan de añadir más fuerza aún a la imagen. Acabarás amando canciones que antes de ver la película no te agradaban en absoluto, no te quepa duda.


Pero aun siendo tan redonda, su mayor virtud va más allá de la inmensidad cinematográfica. 'Mommy' te hace reír y llorar por partes iguales, sufres como si estuvieses en la piel de cada personaje (el fantástico reparto se encarga de facilitarlo). Todo lo que se diga sobre esta película es poco, pues con ella he sentido cosas que jamás había sentido en una sala de cine. Dolan nos atrapa y mete de lleno en la historia, dándonos algún respiro con el que, al igual que Steve, salimos del encierro en el que nos encontramos.
Ésta enorme película nos permite disfrutar de una cantidad innumerable de escenas absolutamente fantásticas, entre las que hay una especialmente conmovedora llegando casi al final del film. Mención especial a un final inmenso, con una canción que invita a alguna que otra lectura muy interesante.


Las palabras no hacen justicia a esta obra maestra, por lo que solamente resta decir que no os la podéis perder. Para un servidor nos encontramos ante la película del año y una de las del siglo. No tengo duda de que tarde o temprano acabará siendo considerada una de las obras más emblemáticas del cine moderno. Como no, hacer mención a la figura encargada de hacernos disfrutar de esta maravilla, Xavier Dolan. Espero que sea la primera de muchas obras maestras que nos deje el director canadiense.

Crítica escrita para lgecine.org